Tienes los sérums. Las mascarillas. Las velas. Hasta has sacado tiempo para ti.
Pero cada noche lo haces todo bajo la misma luz del techo, fría y clínica, más propia de una consulta médica que de un baño.
Esa luz plana y deslumbrante no solo queda mal. Te mantiene en modo día justo cuando quieres desconectar. Y los 20 minutos más agradables de la noche acaban pareciendo... un trámite.
Ya te habías dado cuenta. Solo te faltaba una solución.
Hasta ahora.